Me cansé de trabajar para ti. Búscate a otra que te aguante. Te has convertido en un escritor vulgar, aburrido y sin talento. Chato. Yo me merezco algo más.
Firmado.
Se quedó allí, petrificado frente a la nevera, indeciso, leyendo y releyendo la nota mientras un sudor frío bañaba su cuerpo. Su inspiración le había abandonado y tan solo le había dejado unas palabras que arañaban con su tinta la blancura del papel. Tras unos momentos de pánico reaccionó y tomó la decisión de ir a buscarla.
Me hubiera gustado también gritar, y me dejaron hacerlo en los avismos más profunos, donde nadie pudiera oírme.
Yo quería anarquía, y me encontré desolación. Busqué compañía y la soledad me envolvió. Quería amistad, y la amistad me apuñaló por la espalda.
Yo quería ser amor, y entonces perdí la fe en la humanidad. Un día, de repente, al mirarse una persona al espejo, ve reflejado en él una etiqueta...
Una etiqueta es una imagen de nosotros, un flash directo a los ojos. Posee una potencia informativa tal que es capaz de recoger toda la compleja personalidad de dicha persona e, instantáneamente, proyectarla a los ojos de aquel que la observa. Ea decir...
Me hubiera gustado también gritar, y me dejaron hacerlo en los avismos más profunos, donde nadie pudiera oírme.Yo quería anarquía, y me encontré desolación. Busqué compañía y la soledad me envolvió. Quería amistad, y la amistad me apuñaló por la espalda.
Yo quería ser amor, y entonces perdí la fe en la humanidad. Un día, de repente, al mirarse una persona al espejo, ve reflejado en él una etiqueta...
No es la visión plana y simple de nuestra cara, ni de nuestro cuerpo. Es algo parecido a la imagen que se forma cuando ves el coche de un amigo aparcado: en realidad, la imagen visual recogida por los ojos es la del coche pero, en nuestro cerebro, se produce una maravillosa asociación con la imagen de nuestro amigo. El resultado es una imagen compleja en la que, a la del coche, se le añade la de nuestro amigo como un halo que envuelve al coche y modifica de forma absolutamente radical a la obtenida por los ojos. Es totalmente imposible ver el coche aparcado de un amigo como una simple imagen de un objeto metálico con ruedas. No, la imagen, o la idea, de nuestro amigo es una parte indivisible de la imagen de ese coche. Viendo el coche, ves al amigo; su esencia flota alrededor. Es una unidad indivisible del poseedor representado en el objeto poseído.
Pues, como digo, hay un día en la vida de las personas que, de repente, al mirarse al espejo ve una etiqueta. Por supuesto, sin saber por qué sí, y sin saber, asimismo, el por qué hasta ahora no. Esa etiqueta, nada más verla, produce una primera y tímida satisfacción que, poco a poco la persona en cuestión hace suya con orgullo. En realidad, nunca hay rechazo porque esa etiqueta ha sido fabricada por esa persona, de manera inconsciente, pero totalmente a medida. Para su elaboración, esa persona (generalmente de temprana edad) ha recolectado de su entorno todos los elementos que, en la medida de sus posibilidades, mejor han dado cuerpo argumentativo y estético, así como categoría y estatus social, a su persona.
En ningún momento nadie se planteará si realmente esos elementos son adecuados, son los deseados, o si son los más convenientes para estar a gusto consigo mismo y alcanzar realmente la felicidad. Son, simplemente, los necesarios para elaborar la etiqueta que va a proyectar al mundo la imagen social de esa persona que, en definitiva, somos todos. El regalo mas lindo que pueda recibir nadie en el mundo...
UNA ILUSION!!!!!