El don del lenguaje

La tristeza me prepara una de sus visitas.


Como síempre llega cautelosa con sigilo y mucha precariedad, a sí, sin avisar,sabiendo que es del todo conocida, se da un garveo toma algo y se pira. La tristeza no es mala, al contrario, ayuda a limpiarnos de todo aquello que nos sobra, que nos impide crecer, evolucionar sin perder nuestra esencia.

 El hombre sólo respeta lo que le enriquece. Pero también es capaz de cultivar flores que no se come ni vende o de amar animales a los que no teme ni devora, de alimentar palomas urbanas, gatos callejeros o cegar canarios para que canten creyendo que han nacido para cantarle y no para ver cara a cara el riesgo de la libertad. Si poseyera el don del lenguaje, escribiría poemas y libros de filosofía, de pequeña filosofía, de filósofo de café,iria con barbas pelo largo y pintas de bohemio, en un mundo en el que ya no quedaban cafés. Ya nada le importaba
Le invade la tristeza, así de golpe, sin haberle pedido que viniera de visita.








A veces pasa que esta bien, y cuando menos se lo espera, sin ningun motivo, consciente, aparece esa tristeza que te va inundando de pies a cabeza, y empiezan a aparecer esos fantasmas y esas pequeñas gotas húmedas alrededor de tus ojos que acaban convirtiéndose en unas grandes cascadas, incapaces de dejar de fluir.







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