Quiero aclarar de antemano que no me dispongo a escribir un artículo acerca de la maldita crisis actual, ni de sus posibles parecidos con la depresión del 29 y años sucesivos, con el nacimiento del Keyesianismo como eje para levantar la economía, crear demanda y volver a los índices de empleo y consumo considerados positivamente por políticos, empresarios y familias.
Este artículo es un alegato, una defensa y una justificación de lo positivo que tiene la depresión.
Desde hace varias décadas, el individualismo reina con solemne omnipresencia en occidente, y amenaza con extenderse hasta el último rincón del planeta, por mucho taparrabos que se cruce por el camino.
Los ecologistas, los pacifistas, los altermundistas y demás marginados en la fiesta capitalista, no cesan de reclamar que se apliquen medidas para mejorar o cambiar el sistema, asociando sistema económico y funcionamiento del mundo, como si una cosa y otra fueran indisociables. En cierto modo, lo son.
Son gente que se tilda de vital, soñadora, romántica y luchadora, que no duda en viajar hasta dónde haga falta para hacer oír su voz. Cogen aviones, construyen puentes y pozos, escriben libros y usan micrófonos para sus manifestaciones. ¡consumen todo aquello que tienen a su alcance! y lo justifican bajo un manto de moralidad que, a más de uno, le despierta ciertas reticencias.
Naomi Klein, Chomsky, Michael Moore han sido, entre otros, los encargados de diseminar un mensaje de rechazo ante la economía actual y sus gobernantes, poniendo énfasis en la búsqueda de la verdad como única vía para despertar conciencias y alienados.
Su trabajo merece ser reconocido, pero su impacto real es más bien escaso. Destrozar McDonald’s implica un gasto para una aseguradora, con el consecuente crecimiento de la economía, derivado de las empresas encargadas de reparar los daños. Ganar un Oscar es colaborar con Prada y Gucci y viajar a L.A con gastos pagados en hoteles de primera. No me posiciono en contra de estas posturas, pero si los que defienden un mundo con más lucha y resistencia justifican su éxito con este tipo de comportamientos, el descrédito es notable.
Publicar un libro en una gran editorial o artículos en el NY Times es colaborar directamente con la lógica del beneficio. Un blog crítico “.com” engorda las arcas americanas, y usar Blogger las de Google en particular.
A todos ellos, con el fin de conseguir efectivamente sus propósitos, les recomiendo tirar la toalla, dejarlo estar, quedarse en casa, dormir, holgazanear.
Una acción conjunta jamás podrá cambiar nada realmente, implica demasiado consumo.
Si nos hallamos en pleno apogeo individualista, hay que responder con la misma fórmula.
Cuando un sujeto pasa por una depresión, deja de responder al teléfono, come menos, deja el trabajo, no compra, no siente, no cree, no hace nada.
Aquellos que hablan a plena voz del decrecimiento son el mismo pilar de la actividad, mueven a centenares de activistas a reclamar una ralentización de la economía para mejorar la relación del hombre con la naturaleza.
No veo fórmula más efectiva para tal fin que una población deprimida, hundida y derrotada, insensible a la felicidad que venden en cada esquina.
La perdición es el verdadero motor del cambio, la derrota es la salida y la garantía del hundimiento del sistema.
Menos Prozac y más suicidios.
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