Approaching that time

Un jazz maldito sonaba de fondo mientras la familia burguesa cenaba en su acomodada estancia una tortilla de patatas y un poco de jamón del “bueno”. La madre, mujer histérica donde las hubiera, como buena burguesa hamburguesera, tenia un tono rosado en la cara no se sabe si por cabreo o por su naturaleza burguesa. La cena transcurría con un sutil ambiente tenso que era alimentado por la frenética música de fondo: Gillespie. Al otro lado de la habitación cientos de jodidas luces navideñas, parpadeantes, anunciaban esa época del año en que todos salían de las tiendas con una enorme sonrisa después de gastar sus ahorros en mil objetos absurdos para regalar; memeces inservibles que llenaban las casas de los buenos ciudadanos cada año y al mismo tiempo llenaban ese vacío absurdo que todos sentían trabajando como esclavos en laburos de mierda para pasarse el año pagando letras del coche, la casa, la pantalla de plasma, la ortodoncia del niño, la psicóloga de la hija gorda o el célebre abrelatas eléctrico… La familia Clash Strong disfrutaba como nunca de esos momentos en familia, pero había un pequeño problema en aquel feliz y ostentoso hogar: el hijo. El hijoputa detestaba su condición de burgués, odiaba y le asqueaba ser como era sólo por haber nacido en aquel entorno, toda aquella falsedad, todos esos regalos cada año para después apenas hablarse con sus padres los 11 meses restantes. Las sonrisas. Los besos a las tías, abuelas, tías-abuelas… odiaba todo aquello. Por eso y por que le salió de los agayoles, dejó encendido el gas butano de la cocina aquella noche. No tendría que aguantar a más tías, abuelas, ni primos lejanos. Los encontró la policía y no quedaban más que los huesos de ellos, restos putrefactos y mordidos, todavía en la cama en la misma posición en que se habían dormido. Rupert, el jodido gato de la familia había pasado las navidades alimentándose de los cadáveres de sus amos. Se acabó la navidad para los Clash Strong, nunca más se tendrían que preocupar por si el puto rey negro Baltasar entraba a su casa en patera o en camello o si el gordo de papa Noel se entretenia en un afther de chueca tomando popeh para que le petaran el culo los renos ¡joder! ¿Cómo se salvó el gato de morir asfixiado?, no me lo preguntéis koño, es un puto relato navideño. ....Lo que lees es lo que hay, o mejor dicho, lo que me quedó por decir ¿Sabéis qué le dijo un gallo a un pavo?.
Contatori per sitocontadores web