Abrupta Mirada.

La ciudad aún duerme los excesos. El alboroto le cedió su lugar al silencio. La cadencia de la lluvia se hizo suave rocío que acaricia. El sol se despereza en cálida caricia que llega a nuestras mejillas. Nubes de plata y plomo se deslizan al ritmo de la melodía que bailotea en mis pensamientos. En busca del mejor lugar y de la escritura perfecta, Hey Joe,where you goin' with that gun in your hand? -! Síí ! Feliz con mi AK 47 recien encontrado en el vertedero de palabras...Si me secuestro quizá caiga en el síndrome de Estocolmo y sienta profunda simpatía por mí. Camino hacia el metro, como todas las mañanas. Es una buena máquina y pesa lo suyo. Rebuscando en la mierda de alrededor fue fácil pillar un par de cargadores,tenia prisa de no ser asi hubiese pillado alguna que otra granada. Uno de ellos está puesto, el otro aguarda en la mochila. Me siento bien caminando hacia el tubo con mi AK 47 un poco oxidado pero con buena pinta. El guardia de seguridad o mejor dicho, el Texas Ranger recien salido de la serie de televisión norteamericana de Chuck Norris me mira raro, llevo el AK al hombro, pero no dice nada. En el metro no hay detectores de metales ni tonterías. Tampoco parece que haya nadie al otro lado del millón de cámaras. Quizá estén pajeándose con las viajeras más agraciadas. Quizá las cámaras sean de pega, ya sabes, plástico y cristal para dar ambientillo. El vagón va bastante lleno de gente,la mayoria extranjeros. Dicen que en Madrid hay medio millón de parados, si toda esa peña encontrase un curro y apareciera en las redes de transporte todo se colapsaría. No, no soy un cabrón hijo de puta. Tan sólo tengo malas ideas. Creo que el paro se propicia desde las altas esferas para evitar el colapso de las infraestructuras. A nivel planetario se hace lo mismo con África. África no puede producir ni contaminar. Somos demasiados haciéndolo. Bueno, nosotros no producimos nada, sólo contaminamos con nuestros coches de mierda llevándonos a nuestros empleos de servicios que quebrarán de aquí a 5 años. La gente mira con curiosidad mi AK 47. Algunos sonríen en plan cómplice. Otros pasan del tema, como si no existiera. Los menos se muestran intranquilos. Un chaval con su iPod me aparta de un empujón para conseguir sitio sentado. El metro recorre la ciudad por las alcantarillas. Apesta a sucia cloaca, como siempre. Duele, como siempre. Una voz robótica anuncia el paso de las estaciones. La vida da bastante asco, pienso mientras acaricio el gatillo de mi AK 47. - La vida es una puta mierda, me responde una chica a medio metro. - ¿Cómo?, exclamo. - Ah, perdona. Es que a veces oigo voces y tiendo a responder en voz alta. He escuchado la tuya y sólo quería que supieras que puedes contar conmigo. Pensamos igual. - Bueno, un placer conocerte y gracias por la complicidad. Algunos pasajeros nos miran raro, así que yo les digo que se metan en sus asuntos. Por suerte no hay ninguno dispuesto a partirme la cara. - Rambo, Rambo, grita un subnormal cuando abandono el vagón rumbo a la calle. - No, joder, le respondo. No soy tan gilipollas. El chaval se ríe y salta a las vías justo cuando llega el siguiente metro. Hay un poco de confusión en el andén. Gritos histéricos. Todo ha ocurrido en apenas dos segundos. Hay restos de carne rota y sesos por todas partes. Un poeta, me digo subiendo ya las escaleras de salida. Un jodido poeta de la guerra. Que se joda. Entro a mi lugar de trabajo con el AK 47 colgado del hombro. Ellos tampoco parecen sorprendidos. Decido ir a la cafetería. A esas horas está llena. La gente prefiere desayunar allí y empezar a currar una hora después. Es bueno restar tiempo al infierno. Es bueno tocarse los cojones a dos manos. Nadie se gira cuando entro en la cafetería. Nadie se gira cuando amartillo mi máquina de vertedero. Siento un estremecimiento de placer y adrenalina al apretar el gatillo del AK 47. Las balas salen fluidas en todas direcciones. Nadie hace nada para ocultarse evitando la muerte. La gente cae abatida con naturalidad, la taza de café en una mano, el cigarro en la otra. Más que gritos se escuchan suspiros de alivio. Cuando se agota el primer cargador meto el segundo. Finalmente nadie se mueve. Un mar de cristal roto y sangre a mis pies. Suena una alarma pero no acude nadie. Tiro mi AK 47 en medio del campo de cadáveres y accedo hasta mi planta. Tengo mucho curro pendiente.
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