Si no actúas como piensas, vas a terminar pensando como actúas.
Dime... Pongámonos serios. Hablemos de verdad, mirándonos a los ojos. Profundamente. Honestamente. Consagradamente. Transparentemente.
Dejémonos de eufemismos, de risitas nerviosas, de palabras vacías. Dejémonos de leseras. Que la vida es muy corta y el presente ya se fue. No quiero seguir librando esta guerra tan inútil y tan eterna entre lo que siento y lo que digo. Entre lo que creo y lo que hago. Entre lo que parezco y lo que soy.
Acortemos esa brecha. Hagámosla tan pequeña que casi no se note que allí hay un espacio, para la duda, para la mentira, para el dolor.
Dejémonos de miradas chuecas, de palabras cojas, de caricias falsas. Dejemos de ser quienes no somos. Dejemos de ser quienes no merecemos ser.
Honremos la aventura de estar en esta vida y caminemos por sus senderos con la frente en alto, con la risa liviana, con la verdad a flor de piel. Seamos fieles a lo que somos y a lo que hemos venido a ser.
Si tu no te valoras, Dime quien lo hara?
La regla de oro es la coherencia: si alguien quiere estar contigo hará todo lo posible para que así sea. No pienses en todo lo que le ha podido pasar o el por qué no te contesta. Esta regla es universal, si todos la aplicáramos evitaríamos muchas vueltas de cabeza innecesarias.
”Y la segunda regla de oro es ”Regala tu ausencia a quien no supo valorar tu presencia y recuerda que quien mucho se ausenta pronto deja de hacer falta. Nadie vale lo suficiente como para dejarte colgado en recuerdos, si de verdad valiera estaría creando presentes contigo; nada ni nadie es imprescindible, si quieres una vida feliz átala a metas y sueños propios, con gente que te apoya, no a objetos ni personas que no te valoran.


