Encaramado cuál Gargola en lo más alto de la torre del Sacré-Coeur, todo se divisava de forma más natural y real...las nubes no impedian divisar el infinito con tan tremula tenue luz.

Porque esa falsa ingratitud sumisa que me apaleaHay quien cree que se necesitan de pozoñosas esquelas para reinventarse.


es solo temporal, como una epidemia sanable.


Déjame que sude estas imposiciones, estos vaivenes  Hay quien cree que se necesitan de pozoñosas esquelas para reinventarse.


Déjame que sude estas imposiciones, estos vaivenes

estos litúrgicos recelos, esta untura de conjeturas.

Y no negaré la posibilidad de perderme entre estos miedos,

pero la esperanza es futura, uniforme y confiada,

y yo vivo a dos puertas del peor de los enemigos.





No me rindo a la fatiga, no...







No me queda otra opción que pintarme la cara para engañar a este Agosto vestido de diciembre.








estos litúrgicos recelos, esta untura de conjeturas.

Y en la evanescente oscuridad le parecía que la ira le afirmaba las facciones y le hacía salir con decisión del dormitorio para internarse en el día que resucitaba. Solo en la cama alta y bañada por la creciente claridad que despejaba las sombras, LTJ comprendería que, en la confusión de la vida, y dado que a toda ganancia sucedía inmediatamente una pérdida, y que la muerte y la decepción eran inevitables, la ira era la emoción idónea; Para todo ser humano con sensatez, memoria y sentido de la previsión. Con dos cervezas matutinas, previo lavado de dientes e ingestión de café número 10 de intensidad  Nespresso, salgo a la calle con mis flamantes Wayfarer   Vintage negras, nada de Made in Italy versión para ultra modernos que van de yo que sé.  Hace calor mucho calor. Y da lo mismo que lleve meses incluso años sin pisar la calle para percibir el mismo ambiente a mierda, Observar,  inadvertidamente, la vida y sus pequeñas e ínfimas manifestaciones, otorgándoles la máxima categoría, valor y belleza. Eso es lo que debería dedicarme a pensar y no en cosas  vanas de caracter  intrascendente que lo único para lo que  sirven es para deteriorar más al ser humano. Recuerdo cuando estuve en Paris exactamente hace dos veranos. Tumbado en el césped del parque del Sacré-Coeur, con París a mis pies y un sol escurridizo. Yo grito en silencio para no despertarte,


con mi fusil de aire y ciego de trincheras

acordono la zona para que ni una sola

de las sílabas negras oscurezca el brillo futuro de tus ojos.  seco y brusco.  Me recoloco las Wayfarer retro .  La ira era la emoción idónea;  Podria servirle como momentanea gratitud, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.
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