El futuro es líquido y como tal, a pesar de las dificultades que pueda encontrar a lo largo de su curso, sigue su camino y no se detiene.

Pinta en blanco y negro, aunque al fondo, bastante al fondo, empiezan a adivinarse los primeros colores del futuro.

Me había acomodado aquí entre los algodones de lo establecido, con una actitud casi de derrota al no encontrarme del todo a salvo de miradas, más que indiscretas, inquisidoras. He tenido que quitarme casi a la fuerza el antifaz que ya casi se estaba incrustando y no me permitía ni reconocer mis propios rasgos.
Sigo asomándome a diario con la intención de deshacerme de los fantasmas que llevan tiempo aquí habitando. Pero soy fuerte, porque un día decidí que tenía que aferrarme a todo lo que me hiciera fuerte, y no voy a doblegarme ante el pasado. Puedo tener malas horas, aunque no me voy a consentir tener malos días. El pasado es lo que yo esté dispuesto a hacer de él. Y no quiero hacer absolutamente nada. Sólo ha de ser lo que es: pasado.
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