Por la ventana se cuelan los típicos sonidos de la gran ciudad, sirenas, botellas rotas, algún disparo al aire y un gato mauyando en la oscuridad. A pesar de todo; Aquí dentro hay todo un festival de ruidos fantasmales, podria grabar asta sicofonias, los muebles crujen, la nevera no cesa en su antiguo zumbido, los muelles de la cama chirrían en cada uno de mis movimientos, las cañerías llevan agua a algún lugar remoto, y la televisión del vecino se oye como si la estubiera viendo yo, de fondo el tic tac del reloj va corroyéndome, como si lo que contara fueran los segundos que me quedan de vida. Debo mantenerme tan sobrio y frío como el metal que yace dormido a mi lado.
-Suelo ver las cosas con mucho detalle, me gusta fijarme en los restos de sarro que tiene la gente entre los dientes.- Vale, ¿y entonces q hago?
- Vete a dormir...
- No tengo sueño...
- Pues no te vayas, haz algo útil...
- ¿Qué puedo hacer útil a estas horas que no sea dormir?
- Ya te di una opción, si quieres me haces caso y si no no, allá cada uno...
- Puedo ponerme a leer, a escribir, a poner orden en mi caos. Paulatinamente. El astro rey, incansable, reaparece ganando la batalla a las nubes y a sus persistentes lluvias torrenciales de los últimos días. Momento ideal para las gafas de sol, que ocultan mi cicatriz temporal causada por un intento de asesinato de un leñador en paro al que insulté cuando encontré al tipo talando un árbol de mi jardín para ganarse unos extras. Momento ideal, también, para la boina. Suele ser el pack idóneo para jornadas reflexivas.
