Uno de mis mayores deseos cuando acudo al juzgado cada mes (para dejar constancia "legal" de que supuestamente no salgo del país) es aparcar en la plaza de minusválidos con un carnet falso comprado en Bangkok el pasado verano. Homer Simpson ya lo hacía, algunos políticos catalanes ya lo hacen, pero en mi caso, hacerlo con un Shelby Mustang GT 500 del ’67 Vintage es un detalle de la corrupción imperante en el capitalismo tardío.